El «making of» de la luminaria Capuchina.

El Taller del Zute, en primavera, se llena de capuchinas. Desde Febrero hasta bien entrado Mayo, estas flores crean un manto a lo largo de todo el arriate de la casa de Rosa e incluso trepa por la ventana.

Creo que no hace falta que comente la belleza de esta planta. Incluso cuando no tenía muchas flores me embelesaba por la estructura geométrica de sus hojas y las nerviaciones características que tiene desde un punto central, ligeramente descentrado, hacia el exterior. Cuando ves muchas juntas es hipnótico.

Cuando Rosa y yo comenzamos con la serie de luminarias florales, las dos teníamos muy claro que le teníamos que hacer una a la capuchina y recrear la magia que las dos percibíamos que emanaba el jardín.

Y así empezamos, primero a elaborar las hojas.. Éstas se han hecho con pulpa coloreada de abacá una a una. Al igual que las flores: pétalo a pétalo. Después se han unido hasta darle forma a las flores y las hojas se han bordado a mano una a una.

La estructura sobre la que va montada la luminaria es de cobre y recrea la verja de un jardín.

La base está compuesta por gemas soldadas con estaño y aleación de plata y recrea la hoja de la capuchina con su nerviaciones características.

Y por último, el cuerpo central de la capuchina, que recrea la luz del sol pasando a través del manto tupido de hojas verdes y flores naranjas y amarillas. En esta parte hemos sacado las pulpas de fibras vegetales que estamos produciendo en el taller junto con los pétalos que hemos ido cosechando y secando para luego utilizarlos. Lo hemos trabajado capa a capa.

Aquí podéis ver parte del proceso.

Finalmente, todo junto y compuesto nos ha quedado así y estamos muy orgullosas del resultado y de la experimentación. La luminaria que nos ha salido era justo lo que queríamos transmitir ya que es lo que nos contagia el jardín del Zute cada mañana cuando empezamos a trabajar.

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